En la noche del 31 de octubre, millones de personas alrededor del mundo se disfrazan, encienden linternas de calabaza y celebran Halloween sin imaginar que esta fiesta —hoy tan comercial y llena de fantasmas de plástico— nació como una ceremonia profundamente espiritual.
Su origen no tiene nada que ver con el diablo. Al contrario: en sus inicios fue una noche sagrada, una conexión entre los vivos y sus ancestros, conocida por los pueblos celtas como Samhain.

Halloween

Samhain: el fin de la luz y el comienzo del misterio

Hace más de dos mil años, los antiguos celtas celebraban Samhain (pronunciado “sow-in”), el final de la cosecha y el inicio del nuevo año celta. Era la transición entre la mitad luminosa y la mitad oscura del año: un umbral entre el verano fértil y el invierno incierto.
Durante esos días, se creía que el velo entre el mundo de los vivos y los muertos se hacía más delgado, permitiendo que las almas de los difuntos regresaran a visitar sus antiguos hogares.
No era una noche de terror, sino de respeto y comunión. Las familias dejaban ofrendas de comida, encendían hogueras y colocaban sillas vacías para honrar a quienes habían partido.

Los druidas, sacerdotes celtas, conducían los rituales: encendían fuegos sagrados para purificar, ofrecían sacrificios de animales en agradecimiento por la cosecha y practicaban ritos adivinatorios, pues se creía que, cuando los mundos se mezclaban, también lo hacían el presente y el futuro.

En la celebración del Samhain para protegerse de los espíritus malignos, las personas se disfrazaban con pieles de animales o llevaban consigo hierro, sal o pequeñas cruces tejidas. Esa práctica ancestral se transformaría, siglos más tarde, en los disfraces modernos de Halloween.

Los druidas —palabra griega que significa “hombres del roble”— eran personas de una jerarquía religiosa en sociedades celtas y, algunos dicen, con poderes mágicos. 

Del Samhain celta a la Víspera de Todos los Santos

Con la expansión del cristianismo, la Iglesia trató de reemplazar las antiguas celebraciones paganas como el Samhain por festividades cristianas. En el siglo VIII, el Papa Gregorio III declaró el 1 de noviembre como el Día de Todos los Santos, y la noche anterior pasó a conocerse como All Hallows’ Eve —la víspera de Todos los Santos—.
El cambio fue más diplomático que represivo: buscaba mantener las costumbres, pero dentro de un marco religioso. De hecho, durante siglos, la festividad fue aprobada por el Vaticano, y coexistió pacíficamente con el Día de los Fieles Difuntos.

Con el paso del tiempo, “All Hallows’ Eve” se transformó lingüísticamente en “Hallowe’en” y, finalmente, en “Halloween”. Pero lo que no cambió fue su esencia: la noche seguía siendo un momento para recordar a los muertos, agradecer las cosechas y reflexionar sobre la fugacidad de la vida, en esencia el Samhain siempre permanece.

La noche que el mundo volvió temerle a sus muertos

El carácter “oscuro” de Halloween nació siglos después, con la Reforma protestante y el rechazo puritano a las tradiciones paganas. Las fiestas de los muertos fueron tachadas de supersticiosas, y las imágenes de espíritus y brujas comenzaron a asociarse con el mal.
Ya en el siglo XIX, los inmigrantes irlandeses y escoceses llevaron sus tradiciones a Estados Unidos, donde el Halloween moderno tomó forma: trick or treat, Jack O’Lantern, disfraces, y una nueva lectura, más lúdica que espiritual.

La leyenda de Jack el Tacaño —un hombre condenado a vagar con una brasa del infierno dentro de un nabo hueco— inspiró las linternas talladas, símbolo de protección. Al llegar a América, los nabos fueron reemplazados por calabazas, abundantes y más fáciles de trabajar.

Cuando Samhain era sagrado: el verdadero origen espiritual de Halloween

De la sombra al símbolo

Hoy, Halloween es una mezcla de todas sus vidas pasadas: un eco del Samhain celta, una herencia del All Hallows’ Eve cristiano, y un reflejo de la cultura moderna que lo convirtió en espectáculo.
Pero si miramos más allá de los disfraces y los dulces, la esencia persiste. Es la noche en que el velo se adelgaza, cuando lo invisible susurra en la memoria y recordamos —aunque no lo sepamos— que la muerte no es un final, sino una continuidad.

Recomendaciones Ruta 25 para celebrar (sin invocar a nadie por error)

En esta sección originalmente íbamos a contarte cómo celebrar Samhain como debe de ser: con fogata, ofrendas y cánticos antiguos al calor de la noche.

Pero mejor te dejamos una recomendación práctica y segura:

  • Planea tu ruta con anticipación: elige calles iluminadas y con flujo de personas.
  • Activa la ubicación en tiempo real y compártela con tu familia o amigos.
  • Nunca salgas solo, los espíritus —y otras cosas— rondan más de lo que crees.
  • Evita zonas poco transitadas o con poca luz, y no entres a casas o lugares desconocidos.
  • Revisa tus dulces antes de comerlos. Si parecen sospechosos, confía en tu instinto (y en tu abuela).
  • Usa ropa visible o con reflejantes, sobre todo si tu disfraz es oscuro.
  • Respeta los espacios y las ofrendas: nunca sabes quién podría estar observando… desde el otro lado.

En tiempos donde todo parece disfraz, Halloween se ha vuelto una sombra de lo que fue. Recordar su origen espiritual el Samhain es volver a encender el fuego de los celtas: mirar la oscuridad sin miedo, con respeto y esperanza. Una noche para honrar a quienes cruzaron el velo y reír juntos, bajo la luna, antes de que caiga la medianoche.

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