Un autogol en la primera parte marca el inicio de la gestión de Sebastián Abreu en Xolos, con el regreso de Gilberto Mora y un triunfo trabajado ante Querétaro en la frontera.


El Estadio Caliente vibraba desde el primer minuto, con la afición atenta al debut de Sebastián “Loco” Abreu en el banquillo y a Xolos luciendo su nueva piel. El ambiente era eléctrico: banderas ondeando, cánticos incesantes y una energía contagiosa en cada rincón del estadio.
Desde el silbatazo inicial, Xolos tomó el control del balón. Los primeros diez minutos fueron un monólogo rojinegro: toques rápidos, presión alta y una clara intención de imponer condiciones. Querétaro, superado por la intensidad local y el bullicio de la grada, apenas lograba cruzar la media cancha, esperando su mejor momento.
Con el paso de los minutos, los Gallos comenzaron a asentarse. Al 24’, el partido se equilibró: Querétaro se animó a tocar el balón y a buscar espacios, aunque sin generar peligro real. Los nervios y la emoción vibraban en las tribunas, con cada avance de Xolos levantando a los aficionados de sus asientos.



El primer estallido de la noche llegó justo antes del descanso. En tiempo agregado, un tiro de esquina desató el caos en el área visitante: Hernández voló para evitar el gol, pero el rebote quedó suelto y, en el intento de despejar, Mendoza terminó enviando el balón a su propia portería. El grito de gol retumbó en el Caliente, celebrando un tanto que, aunque fortuito, llenó de esperanza a la afición local.
La segunda parte arrancó con la misma intensidad. Xolos salió decidido a ampliar la ventaja, empujado por el aliento de su gente. Querétaro respondió con valentía: al 58’, un remate de cabeza encendió las alarmas, pero Toño Rodríguez se lució con una atajada que fue ovacionada como si fuera un gol.
El partido subió de revoluciones. Los Gallos apretaron y ganaron confianza, adueñándose del balón y buscando el empate con más ímpetu. Sin embargo, la defensa de Xolos se mantuvo firme. Al 71’, Abreu movió sus piezas y Gilberto Mora, ovacionado por la tribuna, dejó el campo tras dejar destellos de su calidad.

Los minutos finales fueron de tensión y nervios. Querétaro adelantó líneas, pero Xolos resistió con garra. El silbatazo final desató la alegría: los dirigidos por Abreu celebraron con su gente una victoria sufrida, pero merecida, en una noche que marcó el inicio de una nueva era en la frontera.
Resumen del partido:
