De acuerdo con una reciente encuesta del INEGI Alimentos, bebidas y tabaco absorben más de un tercio del dinero que gastan los hogares mexicanos: INEGI
¿Sabemos en qué gastamos el dinero los mexicanos?, el Inegi ya nos dio una pista.
El más reciente levantamiento de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), revela que los alimentos, bebidas y tabaco representan el 37.7 por ciento del gasto monetario total de los hogares mexicanos.
Esto equivale a un promedio mensual de 5,994 pesos destinados a estos rubros, lo que los convierte en el principal componente del presupuesto familiar.
De acuerdo con el informe, esta cifra refleja tanto las necesidades básicas de consumo como la estructura de precios y hábitos alimentarios en el país.
Los especialistas señalan que, aunque los alimentos son un gasto prioritario, su peso en el presupuesto puede verse amplificado por el encarecimiento de ciertos productos y por la tendencia creciente a consumir fuera del hogar.
DIFERENCIAS REGIONALES Y DE INGRESOS
El estudio muestra que el porcentaje que destinamos a alimentos y bebidas varía según el nivel de ingresos y la ubicación geográfica. En los hogares con menores ingresos, el gasto en este rubro puede superar el 45 por ciento del total, lo que deja menos margen para educación, salud o vivienda.
Pero, en familias con mayores ingresos, el porcentaje destinado a alimentos es menor, aunque el gasto absoluto en pesos es más alto, debido a una mayor capacidad de compra y consumo de productos de mayor valor agregado.

En zonas rurales, la proporción destinada a alimentos suele ser más elevada, ya que las familias dependen menos de servicios pagados y más de bienes básicos.
En áreas urbanas, el gasto en bebidas preparadas, restaurantes y comida rápida incrementa el promedio mensual, reflejando estilos de vida más acelerados y una diversificación en las opciones de consumo.
BEBIDAS Y TABACO
Si bien los alimentos ocupan la mayor parte de este rubro, las bebidas alcohólicas, no alcohólicas y el tabaco también representan un monto relevante del gasto familiar. El INEGI señala que, en conjunto, estas categorías pueden absorber hasta el 6 por ciento del gasto total, dependiendo de los hábitos de cada hogar.
El consumo de tabaco, aunque ha disminuido en ciertos sectores gracias a campañas de salud y restricciones legales, todavía implica un gasto considerable en segmentos específicos de la población.
Por su parte, las bebidas alcohólicas mantienen una demanda estable, impulsada por factores culturales, sociales y de entretenimiento.
Economistas subrayan que la inflación en productos alimenticios ha tenido un impacto directo en este indicador. En el último año, varios productos básicos como huevo, tortilla y carne registraron incrementos por encima del promedio general de precios, obligando a las familias a destinar una mayor proporción de su ingreso a cubrir su canasta alimentaria.

Esta situación se agrava en los hogares con ingresos bajos, donde el margen para ajustar el gasto es limitado y los aumentos de precios pueden derivar en cambios en la dieta, sustituyendo alimentos nutritivos por opciones más económicas pero menos saludables.
UN REFLEJO DE PRIORIDADES Y DESAFÍOS
Para expertos en políticas públicas, el dato del 37.7 por ciento no solo habla de necesidades, sino también de desafíos estructurales: salarios que crecen a un ritmo menor que el costo de vida, desigualdades en el acceso a alimentos de calidad y una dependencia significativa de productos industrializados.

El INEGI puntualiza que la ENIGH es un instrumento clave para medir las condiciones de vida y orientar políticas que busquen mejorar la distribución del gasto familiar. Los resultados de esta edición ponen en relieve la importancia de fortalecer programas de apoyo alimentario, incentivos a la producción local y estrategias para contener la inflación en productos esenciales.
Con estos datos, queda claro que en México el gasto en alimentos, bebidas y tabaco no solo es un tema de consumo, sino un espejo de la economía doméstica y del equilibrio —o desequilibrio— entre ingresos y necesidades básicas.
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