La fiesta brava tendrá que seguir esperando por tiempo indefinido, para reanudar sus actividades en la ciudad de Tijuana, luego de que la asociación Abogados Animalistas México, presentará un nuevo amparo para frenar el espectáculo taurino.
Además del amparo presentado por la asociación, el alcalde interino Abdiel Gutierrez avaló desde la administración municipal la prohibición de eventos en los cuales se ponga en riesgo la dignidad de los animales. El Nuevo Toreo de Tijuana, empresa que había programado la corrida de toros para el día 05 de julio se vio en la necesidad de cancelar la corrida únicamente por “responsabilidad institucional y prudencia”.
La discusión moral alrededor de las corridas de toros sigue abriendo interrogantes. Nadie puede negar la buena intención de los activistas al buscar prohibir las corridas de toros, sin embargo, el fin para el bovino, es el mismo.
Con la prohibición de las corridas de toros, se acaba el uso útil del mismo toro, pues su mantenimiento y cuidado resultan bastante costosos para mantenerlo vivo y con las corridas canceladas, no tendría sentido su uso como toro semental. La carne del toro también se puede mercantilizar para consumo humano. Lo que significa que de cualquier manera el toro de lidia sería sacrificado en algún rastro con la diferencia de que, en este caso, no tendría posibilidades de defenderse.

Toros de Lidia
Esta nota no es una apología o defensa de las corridas de toros, es un análisis de las consecuencias que existen con su prohibición. En ese sentido, habrá que cuestionar si a los activistas realmente les incomoda la muerte del toro, o el hecho de que se trate de un espectáculo en el que un toro y un hombre se baten hasta las últimas consecuencias.
En cualquier caso parece que estamos frente a una prohibición motivada por el gusto particular de unos cuantos. Es decir, que lo que importa no es la dignidad del toro, sino el hecho de que tal espectáculo no es del agrado de algunos. Como hemos referido anteriormente, con la cancelación de las corridas, el toro de lidia sería sacrificado o peor aún, podría extinguirse su raza.
Hay que recordar que los toros de lidia son una raza bovina criada específicamente para los espectáculos taurinos desde hace varios siglos, principalmente en España, Portugal, México y algunos países de América Latina. Sus orígenes se remontan al antiguo ganado bravo de la península ibérica, que fue seleccionado por generaciones para conservar características específicas como la fuerza, la resistencia y el instinto de embestida. A diferencia del ganado destinado a la producción de carne o leche, el toro de lidia vive en grandes extensiones de campo, donde permanece en libertad durante cuatro o cinco años, propicios para que pueda desarrollar su espectacular masa muscular, además de otros comportamientos característicos.

Como ya hemos referido sobre el tema tauromaquia, el toro de lidia tiene un papel relevante en el ámbito ganadero, ecológico y cultural. Las ganaderías dedicadas a su crianza conservan miles de hectáreas de dehesas y pastizales que sirven de refugio para numerosas especies de flora y fauna, además de generar empleos relacionados con la ganadería, la medicina veterinaria y las actividades rurales.
Para quienes defienden la fiesta brava, esta raza representa un patrimonio histórico y cultural; mientras que para sus detractores, su existencia plantea un debate ético sobre el bienestar animal. Lo que es indudable, es que el toro de lidia ocupa un lugar singular dentro de la historia de la ganadería y de las tradiciones de los países cuya crianza ha permanecido durante siglos.

Más allá de la polémica del debate, el toro de lidia representa una historia que entrelaza tradición, naturaleza y el sustento de miles de familias. Cualquier decisión sobre su futuro merece un análisis responsable que considere tanto el bienestar animal como las consecuencias culturales, económicas y sociales que dejará para las generaciones venideras.

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