Meta ha puesto en marcha la que podría ser su jugada más ambiciosa en la carrera global por la inteligencia artificial: con un Proyecto Tamaño Manhattan, la construcción de dos megacentros de datos de proporciones inéditas y la contratación millonaria del joven prodigio Matt Deitke. El objetivo final: desarrollar lo que Mark Zuckerberg llama una “superinteligencia personal” capaz de transformar la relación entre humanos y tecnología.

Prometheus e Hyperion: Los nuevos colosos de la infraestructura de este Proyecto Tamaño Manhattan
El primer gran paso es Prometheus, un centro de datos de 1 gigavatio que entrará en funcionamiento en 2026 en New Albany, Ohio. Alimentado por plantas de gas natural construidas in situ, este complejo prioriza la velocidad de implementación y contará con equipos de Solar Turbines, Siemens Energy y CAT.
Por su parte, Hyperion, ubicado en Richland Parish, Louisiana, es aún más ambicioso: podrá escalar hasta 5 GW para 2030 y ocupar un campus de cuatro millones de pies cuadrados. Con una inversión de $10 mil millones de dólares, para 2027 se espera que alcance 1,5 GW de potencia de TI.
Zuckerberg compara sus dimensiones con las de Manhattan:
“Solo uno de estos cubre una parte significativa de la superficie de la isla”.
Su consumo energético será equivalente al de millones de hogares. es por esto que Zuckerberg lo menciono como el Proyecto Tamaño Manhattan.

La apuesta por el talento: el fichaje de Matt Deitke
En paralelo a la infraestructura, Meta ha iniciado una ofensiva para atraer a los mejores talentos en IA. La contratación más mediática es la de Matt Deitke, un investigador de 24 años que lideró el desarrollo de Molmo, un chatbot multimodal reconocido en NeurIPS 2022.
Tras fundar su startup Vercept y recaudar $16.5 millones, Deitke rechazó una primera oferta de $125 millones de Meta. Fue el propio Zuckerberg quien lo convenció, elevando el paquete a $250 millones en cuatro años, con hasta $100 millones en el primer año. En julio de 2025, Deitke se unió oficialmente a Meta Superintelligence Labs (MSL) en Menlo Park, para participar en este Proyecto Tamaño Manhattan.

Meta Superintelligence Labs: el nuevo cuartel general de la IA
MSL unifica todos los equipos de IA de Meta bajo la dirección de Alexandr Wang (ex-CEO de Scale AI), e integra figuras como Nat Friedman y Daniel Gross, además de investigadores provenientes de OpenAI, Google DeepMind, Apple y Anthropic.
Con paquetes de hasta $300 millones para atraer talento, Meta busca posicionarse como un competidor directo de OpenAI, Google, Microsoft y Amazon.

La visión de Zuckerberg: una superinteligencia personal
Con la construcción de este Proyecto Tamaño Manhattan, objetivo declarado es desarrollar una IA que no solo automatice tareas, sino que potencie las capacidades humanas. Se integrará principalmente en gafas inteligentes capaces de “ver lo que vemos, oír lo que oímos e interactuar con nosotros todo el día”.
Las ventas de las gafas Ray-Ban con IA de Meta se han triplicado en el último año, mostrando el interés del mercado por esta tecnología.

Inversión récord y escalada competitiva
Para este Proyecto Tamaño Manhattan en el 2025, Meta destinará entre $66 y $72 mil millones en gastos de capital, más del doble que el año anterior. Con ingresos trimestrales récord de $47.52 mil millones y beneficios netos de $18.34 mil millones, la empresa está en posición de financiar esta apuesta masiva.

Panorama hacia el futuro
El “Proyecto Tamaño Manhattan” no es solo una carrera por la infraestructura o el talento, sino por definir quién controlará la próxima generación de inteligencia artificial. Si Meta logra construir estos megacentros y atraer a los investigadores más brillantes, podría cambiar radicalmente la forma en que interactuamos con la tecnología, desde la comunicación personal hasta la resolución de problemas globales.
El reto, sin embargo, no es solo técnico, sino ético y social: garantizar que esta superinteligencia personal beneficie a todos y no se convierta en un riesgo. En este punto, sería prudente recordar —con un guiño a Isaac Asimov— que, para evitar futuros distópicos, quizá no baste con las Tres Leyes de la Robótica, pero sería un buen comienzo:
- Un robot no hará daño a un ser humano ni, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.
- Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, salvo que estas órdenes entren en conflicto con la Primera Ley.
- Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que dicha protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Porque si algo está claro es que, en la nueva era de la superinteligencia, las reglas que escribamos hoy determinarán el mundo en el que viviremos mañana.
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