Con cambios evidentes pero respetuosos, esta nueva versión de Lilo & Stitch demuestra que todavía se pueden hacer buenos remakes.

Lilo y Stitch en su versión live action es prueba de que Disney todavía puede hacer buenas adaptaciones en acción real. A diferencia de muchos remakes anteriores que fallan por alejarse demasiado del material original, esta película logra mantener la esencia de la cinta animada, aunque no es 100% fiel. Los cambios existen y son evidentes, lo que puede generar reacciones como: “¿Qué pasó con tal personaje?”, “Ay, no lo hicieron así” o “Eso no era como en la original”.

Sin embargo, dejando de lado estas comparaciones, la película funciona bien tanto para quienes no conocen la franquicia como para quienes van con la mente abierta, entendiendo que no se trata de una copia exacta. Tiene un estilo propio que se disfruta, con un ritmo ágil y momentos cómicos inesperados que no se sienten forzados.

La incorporación de nuevos personajes, en su mayoría, encaja con las necesidades del guión y ayuda a mover la historia. Algunos antagonistas presentan ligeros cambios en su personalidad, lo cual puede restarles carisma, pero los protagonistas logran brillar. En especial Stitch, que resulta más adorable y entrañable que en su primera etapa animada.

El inicio puede parecer algo apresurado, como si diera por hecho que el público ya conoce la historia, pero eso no impide que se entienda ni que se disfrute. Los escenarios no son anti climáticos y visualmente resultan agradables. Las actuaciones son sólidas: cada actor se adentra bien en su personaje. La vecina aporta frescura con sus diálogos, aunque la trabajadora social pierde peso dentro del guión. Esto afecta al personaje de Cobra Bubbles, cuya cercanía con Lilo y Nani se diluye al convertirlo prácticamente solo en un agente de la CIA sin demasiada relevancia en pantalla.

En cuanto a los personajes animados, sus diseños son bien logrados y no resultan incómodos de ver. La decisión de reemplazar a Pleakley y Jumba en su forma alienígena por actores de carne y hueso probablemente responde a un tema de presupuesto. Aun así, Zach Galifianakis y Billy Magnussen logran llenar el vacío con actuaciones carismáticas que funcionan como alivio cómico.

En resumen, esta es una de las mejores adaptaciones live action que ha hecho Disney en años. Aunque no es totalmente fiel a la versión animada, respeta lo suficiente para complacer tanto a los fans como a los nuevos espectadores. 

Ideal para quitarse el trago amargo de los últimos live action que nos ofreció Disney que no fueron del agrado del público ni de la crítica. Recomendable para pasar un buen rato, especialmente en compañía.