La desigualdad en México vuelve a ser tema central con los datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2025, elaborada por el Inegi
El tema de estatus económico no es del todo agradable, pero siempre está presente en la conversación o alguna vez sale a la luz, ya sea por alguna polémica en redes sociales o porque los medios lo posicionan.
La desigualdad en México vuelve a ser tema central con los datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2025, elaborada por el Inegi. El informe muestra con claridad cómo se dividen los mexicanos según sus ingresos y qué características definen a la clase alta, media y baja.
De acuerdo con las cifras, la clase alta representa apenas el 1.2% de la población, con ingresos promedio de 77,975 pesos al mes. La clase media, en cambio, conforma al 42.2% de los hogares, con un ingreso mensual estimado de 22,297 pesos.
Mientras tanto, la clase baja, que aún agrupa a la mayoría de los mexicanos, percibe alrededor de 11,343 pesos mensuales. La brecha entre estos sectores refleja las limitaciones de movilidad social que persisten en el país.

Características de la clase alta
Los hogares de mayores ingresos suelen ser pequeños, con un promedio de 2.4 integrantes y una edad media de 40 años. La educación juega un papel determinante: la mayoría de sus miembros cuenta con licenciatura o posgrado. Asimismo, más del 80% tiene empleos en puestos directivos, de liderazgo o en el gobierno. Sus ingresos se complementan con rentas, negocios propios e inversiones financieras, lo que los protege frente a crisis económicas.
¿Qué define a la clase media?
El Inegi reconoce que no existe una definición universal de “clase media”. Sin embargo, se le asocia con hogares que perciben ingresos cercanos a 20,000 pesos mensuales, cuentan con educación media superior o superior, vivienda propia o en condiciones seguras y capacidad de ahorro. Además, este sector suele gozar de empleos formales y estables, posibilidad de vacacionar una vez al año y acceso a servicios privados de salud o educación en ciertos casos.
Sin embargo, la clase media mexicana enfrenta una vulnerabilidad latente: cualquier evento como un despido, crisis inflacionaria o enfermedad puede reducir rápidamente su estabilidad económica, colocándolos en situación de riesgo y acercándolos a la clase baja.

Realidad de la clase baja
El grupo más amplio de la población depende de trabajos subordinados y mal remunerados, con ingresos que apenas cubren necesidades básicas. Según el Inegi, en julio de 2025 una persona en pobreza extrema necesitaba al menos 1,856 pesos mensuales en zonas rurales y 2,453 pesos en áreas urbanas únicamente para cubrir alimentación.
El ingreso mínimo requerido para no ser considerado pobre asciende a 3,396 pesos en el campo y 4,718 en ciudades, cifras que dejan en evidencia la fragilidad de millones de familias. Estados del sur como Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Puebla concentran los mayores índices de pobreza extrema, perpetuando desigualdades históricas y estructurales.

Movilidad social en México es limitada
Los datos de 2025 reafirman que la movilidad social en México es limitada. Mientras una minoría concentra ingresos elevados y estabilidad financiera, amplios sectores de la población luchan por salir adelante con recursos insuficientes.
La clase media se ha convertido en un colchón social fundamental: es la que sostiene gran parte del consumo interno, paga impuestos y apuesta por la educación como vía de progreso. Sin embargo, su estabilidad depende de factores externos y de políticas públicas que logren cerrar brechas.
El Inegi advierte que definir la clase social va más allá de los ingresos. Factores como el acceso a educación, salud, vivienda y seguridad laboral son igual de relevantes para determinar la calidad de vida de los hogares mexicanos.
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