La ciencia sugiere Vivir cerca del mar es positivo para la salud, de acuerdo con un grupo de investigadores de la Universidad de Ohio
¿Quién no ha soñado con despertar cada día con la brisa marina y el sonido de las olas? Más allá de ese lugar ideal, la ciencia sugiere que esa cercanía al océano podría traducirse en años extra de vida.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Ohio analizó datos de más de 66 mil áreas censales en Estados Unidos para saber si el lugar de residencia influye directamente en la salud y la longevidad de las personas.
El hallazgo principal resulta muy llamativo: quienes viven a menos de 50 kilómetros de la costa gozan de una esperanza de vida mayor en comparación con aquellos que habitan en el interior del país.
La diferencia se calculó en un año adicional sobre la media nacional de 79 años, un efecto que se mantuvo incluso después de ajustar factores como nivel socioeconómico, educación o condiciones ambientales.
Este fenómeno no se aplicó en comunidades cercanas a lagos o ríos de gran tamaño. Según el informe, quienes viven en áreas urbanas cercanas a masas de agua dulce —con superficies de al menos 10 kilómetros cuadrados— mostraron una expectativa de vida promedio de 78 años, un año menos que la media nacional.

Los investigadores indican que la explicación radica en el contexto urbano: las aguas interiores suelen estar asociadas a mayor contaminación, riesgos de inundaciones y desigualdades sociales, lo que neutraliza o incluso revierte los posibles beneficios de vivir cerca de ellas. En contraste, en áreas rurales estos cuerpos de agua sí pueden brindar ventajas recreativas y ambientales.
Factores ambientales decisivos
Entre los elementos que marcaron la diferencia, la temperatura jugó un papel fundamental. Mientras que en las zonas cercanas a aguas interiores los habitantes enfrentan en promedio 21 días de calor extremo al año, en áreas costeras la cifra desciende a 2.2 días. Este contraste, señalan los autores, convierte al calor extremo en el factor más influyente en la esperanza de vida.

La costa ofrece temperaturas más moderadas, mejor calidad del aire y un entorno más propicio para la actividad física. Caminar por la playa, practicar deportes acuáticos o simplemente disfrutar de la brisa oceánica son actividades que promueven estilos de vida más saludables.
Otro punto relevante es la menor exposición a contaminantes. Las comunidades cercanas al mar reportan menos problemas derivados del humo de incendios forestales o de partículas finas, dos de los contaminantes más nocivos para la salud respiratoria y cardiovascular.
El estudio también encontró que los residentes costeros tienden a tener ingresos más altos que quienes viven en el interior. Y aunque el dinero no compra la salud, sí influye en el acceso a servicios médicos, alimentación de calidad y entornos más seguros. Este factor, sumado a las ventajas ambientales, fortalece la explicación de por qué vivir cerca del mar representa un beneficio tangible.

Implicaciones para las ciudades
Los autores subrayan que este hallazgo debería inspirar cambios en la manera de planificar y diseñar nuestras urbes. Recomiendan integrar lo que llaman “espacios azules” —zonas con acceso a cuerpos de agua— dentro del desarrollo urbano y residencial. El objetivo no es solo embellecer las ciudades, sino ofrecer entornos que realmente contribuyan a la salud pública.
Enfatizan la necesidad de garantizar que estos beneficios lleguen de manera equitativa, tanto en áreas urbanas como rurales, y sin importar el nivel de ingresos de la población.
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