Un primer tiempo de dominio total para México en Soldier Field

México se midió a Bélgica en un amistoso de reto en Soldier Field, en Chicago, justo después de haber empatado a cero ante Portugal en el Estadio Banorte. Javier Aguirre salió de inicio con: Tala Rangel; Vázquez, Gallardo, Sánchez; Lira, Pineda, Fidalgo, Quiñonez, Jiménez y Brian Gutiérrez. Un once pensado para presionar arriba, con más verticalidad que en el choque anterior, y con la intención de probar variantes de cara a la próxima Copa del Mundo.

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Desde el primer minuto, México se sintió más cómodo. El primer aviso llegó apenas iniciado el juego: un servicio de Brian Gutiérrez, filtrado por la espalda de la defensa, le llegó a Quintero, quien salvó el balón en la línea de gol y lo mandó raso al arco, donde el balón pareció colarse por debajo de Sels, pero el portero belga acertó con las manos y evitó el gol. A diferencia del partido con Portugal, esta vez el Tri adelantó líneas, se vio más ofensivo y estuvo más cómodo controlando el balón en el medio campo, aunque el juego se mantenía trabado y con mucha disputa física.

El gol que rompió el cero llegó al minuto 19, después de un tiro de esquina cobrado por Brian Gutiérrez. El balón quedó suelto en el área y Jorge Sánchez, atento al segundo palo, aprovechó el rebote para empujar el esférico al fondo de las redes. El 1–0 puso eléctrico a la afición mexicana en Soldier Field y coronó el mejor momento del equipo de Aguirre, que terminó el primer tiempo con más intención, más presión y más llegadas al área contraria.

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En el complemento, bastó un minuto para que el partido cambiara de tono. Al 46’, Dodi Lukébakio sacó un remate desde fuera del área, un golazo de media distancia, donde Tala Rangel poco pudo hacer. El 1–1 le dio nueva vida a Bélgica, que ajustó líneas y se volvió más vertical y directo, sin llegar a dominar tanto como México en el primer tiempo, pero sí rompiendo el ritmo ofensivo del Tri.

El segundo tiempo fue más parejo: menos fútbol límpido, más fisicidad, menos claridad en el último pase, pero con Rangel sobresaliendo en al menos dos intervenciones importantes, donde contuvo remates complicados y evitó que el marcador se inclinara del lado belga. El partido terminó 1–1, con un primer tiempo claramente para México por actitud, superioridad en las llegadas y fluidez en el juego, y un segundo tiempo más igualado, donde Bélgica se asentó, respondió y evitó la derrota.

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En líneas generales, las estadísticas oficiales muestran un partido con más balón para Bélgica al final, pero con México generando más remates y llegadas claras, lo que refleja el tipo de juego que quiere Aguirre: presión alta, recuperación rápida y presencia en el área rival. El amistoso deja más claro todavía hacia dónde apunta el “11” titular y cuáles son los perfiles de la lista final rumbo a la Copa Mundial, con jóvenes como Brian Gutiérrez y Álvaro Fidalgo pisando fuerte y jugadores con experiencia como Sánchez y Rangel firmando partidos sólidos.

Este empate ante Bélgica en Soldier Field deja claras las intenciones de Javier Aguirre rumbo a la Copa Mundial: un equipo más ofensivo, con presión alta y con peso ofensivo desde la salida. México dominó el primer tiempo, inquietó el área rival y logró plasmar el buen momento en el gol de Jorge Sánchez, pero el segundo tiempo mostró los ajustes que aún se necesitan para sostener el ritmo durante 90 minutos. El 1–1 sirve como diagnóstico: el bloque defensivo comienza a cuajar, el arco responde y los jóvenes aportan dinamismo, pero falta pulir la contundencia y la lectura táctica ante rivales de alto nivel como Bélgica.