Sarampión

Con síntomas peligrosos y alta capacidad de contagio, el sarampión reaparece en el país y cobra su primera víctima.

¿Qué es el sarampión?

El sarampión es una enfermedad viral sumamente contagiosa que se transmite por el aire, especialmente a través de gotitas que salen al toser o estornudar. El virus puede mantenerse activo durante horas en superficies o en el ambiente, lo que facilita su propagación. Esta infección sólo afecta a seres humanos, por lo que la única forma de detenerla es con prevención y vacunación.

Situación actual en México

Aunque muchas personas piensan que el sarampión había desaparecido, en realidad nunca dejó de existir. Debido a las campañas de vacunación masiva, los casos se redujeron drásticamente y por años dejaron de ser comunes en países como México. Sin embargo, cuando bajan las coberturas de vacunación o hay brotes en otros países, el virus puede volver a circular con fuerza, como se encuentra ocurriendo actualmente.

En lo que va del 2025, México ha registrado más de 400 casos sospechosos de sarampión, de los cuales 22 ya han sido confirmados. La mayoría están relacionados con contagios provenientes del extranjero.

Puedes revisar el reporte oficial aquí: Aviso Epidemiológico de Sarampión – Gobierno de México

La Secretaría de Salud del Gobierno de Chihuahua anunció la mañana de este viernes 11 de abril, el primer fallecimiento por esta enfermedad en el mismo estado: se trató de un hombre de 31 años que no contaba con vacuna y padecía diabetes. Su caso estuvo relacionado con un brote detectado en Texas, Estados Unidos.

¿Cuáles son los síntomas?

Los signos del sarampión aparecen entre una y dos semanas después del contagio. Entre los más comunes están:

  • Fiebre alta.
  • Tos seca.
  • Nariz congestionada.
  • Conjuntivitis (ojos rojos e irritados).
  • Manchas blancas en la boca (llamadas manchas de Koplik).
  • Erupción en la piel que inicia en el rostro y se va extendiendo al resto del cuerpo.

Este sarpullido suele durar entre cuatro y siete días y a menudo viene acompañado de descamación en la piel conforme se va quitando.

¿A quiénes afecta más?

Aunque puede contagiar a cualquier persona, el sarampión es especialmente peligroso para:

  • Niñas y niños menores de cinco años.
  • Adultos mayores de 20.
  • Personas con defensas bajas, como quienes viven con VIH, cáncer o están desnutridas.

Entre las complicaciones más frecuentes están las infecciones en el oído, neumonía, diarrea severa e incluso inflamación cerebral. En lugares donde hay poca atención médica o altos niveles de desnutrición, esta enfermedad puede ser mortal en hasta un 10% de los casos.

¿Cómo se puede prevenir?

La mejor forma de evitar el sarampión es vacunarse. En México, se aplica la vacuna triple viral (que protege contra sarampión, rubéola y paperas) y la doble viral (contra sarampión y rubéola).

El esquema básico incluye:

  • Una primera dosis al cumplir un año.
  • Una segunda dosis al entrar a la primaria (alrededor de los seis años).

Quienes van a viajar al extranjero o estén en contacto con posibles brotes pueden recibir vacunas adicionales. Con las dos dosis recomendadas, la protección es casi total y dura toda la vida.

 Recomendaciones clave

  • Revisa tu cartilla de vacunación y la de tus hijos.
  • Si no tienes claro si te vacunaste, consulta en tu unidad médica.
  • Evita el contacto con personas enfermas.
  • Mantén buenos hábitos de higiene como lavado de manos, cubrirse boca y nariz al estornudar, evitar tocarse la cara, usar cubrebocas si hay problemas respiratorios. 
  • Si tienes síntomas, no vayas a lugares públicos y busca atención médica de inmediato.

Mantenerse informado y vacunado es la mejor defensa contra el sarampión. Ante cualquier duda, consulta con personal médico o revisa fuentes oficiales como la Secretaría de Salud y el ISSSTE.

El sarampión es una enfermedad que parecía controlada, pero su regreso nos recuerda la importancia de no bajar la guardia. Estar al día con la vacunación, poner atención a los síntomas y mantener buenos hábitos de higiene puede marcar la diferencia entre un contagio aislado y un brote masivo.